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| Forro, que forro, que forro |
Desde hace años en septiembre
forro libros. Empecé con los míos del colegio, seguí con los de mis hermanos y ahora forro los de mis hijos. Al principio utilizaba el papel
Aironfix (transparente y autoadhesivo), que hay que pegar con esmero, rectitud y ayuda de un trapo para que no salgan pompas ─si salen, se deben explotar con un alfiler como si fueran espinillas, ¡argg!─. Un método de forrado cansado, estresante y odiado. Al percibir mi desesperación forra-libros, mi papelero me recomendó usar los
forrafácil (cubiertas transparentes con solapas ajustables y con diversos tamaños según la altura del lomo), una forma rápida de proteger los libros. Sin embargo, mis fieras los destrozaron rápidamente. Este año, cansada y aburrida, he vuelto a los orígenes de mi infancia, al plástico de toda la vida que no se tarda nada en colocar, más económico y que ahora encima parece Aironfix.
Forro, que forro, que forro, pero nunca me forro.
PD. Empiezo el curso con un post muy marujo. ;-)
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