Al vaciar el armario se asoma una caja forrada de fieltro rojo en el fondo del altillo. No puedo evitar la llamada del pasado. Dentro, cientos de recuerdos: cartas, postales, notas del colegio... El tiempo se me escapa entre lectura y lectura, las emociones de otra época me invaden, las viejas historias me bombardean.
Ahora recibo emails, mensajes por whatsapp, comentarios en facebook o en el blog, pero la emoción que sentía al descubrir en el interior del buzón la carta de un viejo amor o de un amigo es una sensación que las nuevas tecnologías jamás conseguirán.
¿Desaparecerán las cajas que albergan los recuerdos?, ¿alguien guarda o imprime los emails de amor?... Tanta inmediatez anula la espera, los sellos, los matasellos y los nervios por leer con avidez esas historias que tal vez entonces solo entendían el remitente y el destinatario.

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