Soy lunática de nacimiento, noctámbula por vocación, no veo las estrellas y de vez en cuando desconecto del mundo, de mi forma de ser.
─¡Emma! ─me grita la Luna─, estás muy descentrada: no escribes en tus blogs, casi no lees, no me mimas por la noche. ¿Qué te ocurre?
─Ay, querida Luna, no lo puedo evitar, perdóname, pero te soy infiel. Mi amante el Sol me hace disfrutar de los largos días: juego al pádel, nado en la piscina, ceno con los amigos en las terrazas de verano, río, cuido el jardín, juego con los niños y retuerzo el tiempo hasta que caigo rendida. Volveré a ti, me centraré, pero ahora estoy en fase de perdición, de locura transitoria y, lo siento, ahora amo a Lorenzo, mi amante Sol.
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