La noche fue la excusa perfecta para reunirnos en una terraza de Madrid. Todo el mundo hablaba, reía, pero yo no podía apartar la vista de su bolso. De vez en cuando lo abría, sacaba una pequeña caja, tomaba una pastilla y la introducía en su boca. Al cabo de unas horas, la intriga me dominó y ante mi insistencia el secreto me fue desvelado: "he abandonado el tabaco, pero creo que ahora estoy enganchada a los chicles. Los tengo de menta, clorofila, nicotina... Ya no sé vivir sin ellos ni sin mi caja de chicles y caramelos"

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