Mi teclado, mis kleenex, mis estornudos, mis picores de nariz, mi respiración entrecortada, esos moquillos tan molestos... Sí, es el momento de ir a por mi cargamento: ventolín, ebastel, cusicrom, rilast...
─¿Padece alergia?─ preguntará el amable farmacéutico.
No hace falta que le responda. Mis ojos llorosos, mi nariz enrojecida como si fuera una borracha y mis estornudos reafirman sus sospechas.
¡Achiiissss!

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