jueves, 29 de septiembre de 2011

La prueba del delito


─Huy, señora, la avería que tiene su lavavajillas no lo cubre la garantía.
─¡Pero si no han pasado dos años desde que lo compré!
─Ya, pero... ─El técnico calló unos segundos, mordisqueó el palillo mugriento que bailaba por su boca, escuchó el ruido que martilleaba el friegaplatos y giró negativamente la cabeza.
─¿Pero qué? ─pregunté intentando contener mi tono de ira descompuesta.
─Verá, este aparato tiene una obstrucción por algún residuo, no es un fallo del equipo. Si quiere lo reparo, pero que conste que además del desplazamiento debo cobrarle la reparación y las posibles piezas que deba sustituir.
Respiré profundamente, intenté relajarme para no clavarle el palillo en la garganta, sonreí con grandes dosis de cinismo y autoricé el arreglo.
En menos de cinco minutos, el técnico me mostró la prueba del delito.
─¡Mire qué gracia! Esta chapa de bebida refrescante bloqueaba la turbina.
Me quedé paralizada, gélida, petrificada. ¿Habré sido yo la culpable? ¿Será la chapa de alguna de mis coca-colas light? ¿Debo confesar mi pecado o mentir para no delatarme? ¿Por qué el seguro o la garantía nunca cubren mis averías? ¿Cómo no le da asco al técnico llevar todo el día un palillo en la boca? Grrrr....

2 comentarios:

angeles dijo...

Otra razón mas para que dejes la Coca

Emma Peña Tojo dijo...

Ja, ja, lo intentaré, lo intentaré, pero ya sabes que a mí el vicio me pierde ;-D